Valores Éticos y Virtudes Para La Profesionalización Policial en México

Imagen de Policía en México
Por: Lic. Clarissa Danira Velázquez Romero - Secretario General de Academia de Peritos en Ciencias Forenses CTL

Ser policía es una profesión honorable, merece respeto y gratitud por parte de los ciudadanos;  un país en donde reside la paz, la seguridad y la tranquilidad es un país que permite el desarrollo de las actividades que lo pueden llevar a una mejor calidad de vida, en el que los ciudadanos pueden cohabitar en armonía y las nuevas generaciones se encuentran motivadas a continuar el buen ejemplo de sus predecesores e incluso optimizar su legado.

Elegir la profesión policial denota un profundo amor hacia la patria, al prójimo y sobre todo a los valores éticos y morales que se requieren en nuestra sociedad para un mejor nivel de vida y en su caso una mejor procuración e impartición de Justicia, sin embargo, para que todo esto sea posible se requiere que el Policía sea consciente de su valor como persona pero sobre todo como agente de cambio y ejemplo en la sociedad.

El desarrollo humano es el pilar de los valores y virtudes que todo policía necesita potencializar para realizar un desempeño adecuado a las necesidades de la sociedad y de su país, los seres humanos actuamos orientados por valores, éstos pueden ser de fin artístico, científico, económico, de diversión, profesionales, etcétera; sin embargo, los que tienen importancia especial en la realización como persona son los valores morales como el respeto, la tolerancia, la solidaridad, la justicia, la lealtad, el bien común, entre otros. La actividad policial requiere de valores éticos y morales específicos que se encuentran sustentando las normas jurídicas y sociales, con el fin de regular la vida en sociedad y de esa forma lograr el bien común, éstos valores tienen su razón de ser en la dignidad de la persona, esto es, en el respeto que se le debe a todo ser humano por el hecho de ser humano, lo que implica el respeto y protección a los derechos humanos.

Al policía le corresponde aprender a valorarse como persona, consciente del impacto que tienen sus acciones u omisiones en su propia vida, en su familia, en su desempeño profesional y en la sociedad, recordando siempre que la ciudadanía y la Nación han puesto su confianza en él como guardián de su seguridad e integridad.

El policía como Persona: factores Bio-psico-sociales

En una persona se relacionan diversos factores, como el razonamiento, los instintos, las emociones, pensamientos, voluntad de acción, actitudes, poder de decisión y valores, es decir, la persona no es solo mente y cuerpo sino que es una unidad en la cual interactúan los elementos anteriores y su comportamiento depende de la forma en que coexisten estos.

La dimensión biológica de la persona se refiere a la anatomía y fisiología que nos diferencia de los demás seres vivos. La dimensión social corresponde a nuestra necesidad de interactuar con los demás y que es posible principalmente a través del lenguaje.

La dimensión psicoafectiva, corresponde a las emociones y afectos que surgen de la interacción con los demás. La dimensión racional que se relaciona con la inteligencia y la voluntad, las cuales nos permiten tomar decisiones y ejercer nuestra libertad, gracias a la inteligencia podemos tener moral, puesto que nos permite reflexionar y decidir el curso de nuestras vidas.

La dimensión moral nos permite valorar de manera ética nuestras acciones y decisiones, es decir, nos permite discernir entre el bien y el mal.

La dimensión espiritual nos permite relacionarnos con la realidad trascendente que nos lleva a cuestionarnos acerca del sentido último de nuestra existencia y en consecuencia podemos experimentar fe, amor, compasión, misericordia, etc.

La interrelación de éstas dimensiones crea en las personas necesidades, las cuales para ser satisfechas requieren de que se establezcan relaciones con otras personas, es decir, con la sociedad. Gracias a éstas relaciones aprendemos a conocernos a nosotros mismos, al observar las reacciones de los demás ante nuestro contacto podemos reforzar nuestras habilidades o acciones positivas y anular las que generan reacciones adversas, es así como los que nos rodean son indispensables para nuestro autoconocimiento. De la misma manera en que somos capaces de este autoconocimiento, de decidir y de comunicarnos nos permitimos también darnos libremente a otros, y cuanto mayor sea nuestra autorrealización más podemos vivir para los otros y no tanto por los otros, en una entrega generosa como lo es la vocación policial.

El policía como agente de cambio

Como seres humanos nos encontramos expuestos desde el momento del nacimiento ante situaciones que no dependen de nuestra voluntad porque no fueron elegidas por nosotros libremente, un ejemplo de ello es el núcleo familiar en el que nacemos y nos desarrollamos, sin embargo hay algunas otras en las que nosotros ejercemos nuestra libertad de decisión y es cuando podemos transformar nuestra realidad presente.

Precisamente es ésta la oportunidad que tenemos todos los humanos para generar un cambio en nuestra vida y por ende en la sociedad en la que nos desarrollamos, cuando tomamos consciencia de que nuestra libertad termina donde comienza la libertad del otro aprendemos a relacionarnos en un ambiente de respeto y tolerancia, comenzamos a visualizar un panorama abierto lleno de posibilidades y generador de proyectos a futuro lo que nos motiva a plantearnos metas, lograrlas y posteriormente superarlas.

La imagen del policía debe inspirar seguridad, confianza, respeto y para que esto sea posible, cada agente debe tener siempre en cuenta que su actuar se encuentra siempre a la vista de todos, que sus decisiones en cada situación son las que forman la imagen que la sociedad tiene de él y que ello repercute directamente en la imagen que tiene de sí mismo, es decir su autoimagen; la sociedad es el espejo que refleja el perfil del policía.

Cuando el policía se da a respetar, su conducta es digna de admiración y proporciona a los ciudadanos seguridad, genera en ellos la simpatía necesaria para que se dé la confianza y el cambio de conducta del ciudadano hacia la Policía, al mismo tiempo propicia un cambio en el concepto que tiene la sociedad de los cuerpos policiales en general. Es de esta manera que el policía es un agente de cambio, ya que su imagen tiene la función de buen o mal ejemplo dependiendo de su actuar, del cumplimiento de su misión, de la proyección de su autoimagen, pero sobre todo porque refleja en su actuar y embestidura el amor que tiene por lo que hace, su vocación y su sentido de patriotismo.

Es por ello que el policía debe aprender a actuar desde la expectativa que tiene de sí mismo, desde ese llamado que hay dentro de sí que lo incita a actuar por el bien de la sociedad, a salvaguardar los bienes jurídicos y patrimoniales del ciudadano y que apegado al derecho hace procurar el bien común y la justicia social. El sano juicio, la fortaleza moral, la valentía ante situaciones de riesgo y la ecuanimidad entre otros, son los rasgos de personalidad que deben prevalecer en el agente policial para su desempeño óptimo, para tener la certeza de que está realizando bien su encomienda, que es el ser una figura de seguridad, admiración y respeto, pero sobre todo, un modelo de ciudadano a seguir.

Carrera Policial ¿trabajo, profesión o vocación?

Entregarnos a los demás a través de una actividad en la que empleamos nuestra preparación y conocimientos es gratificante y la gratificación no económica es la más difícil de obtener cuando no se hace lo que nos apasiona. Podemos dedicar nuestro tiempo a hacer algo que nos mantenga ocupados y es solo eso, una ocupación, un trabajo es necesario para obtener un sueldo y con ello proveer a nuestra familia y a nosotros mismos de lo necesario para satisfacer las necesidades básicas y mantener una estabilidad económica, sin embargo es frecuente que las personas realicen trabajos que no los satisfacen y mucho menos se sienten felices realizándolos.

Es en este punto donde tiene lugar el abordar el concepto de vocación, generalmente evocamos éste concepto con alguna connotación religiosa, sin embargo, la palabra “vocación” proviene del latín que significa “llamada”, dicho esto, entonces podemos decir que la vocación policial es un llamado a ser policía, la diferencia en cuanto a desempeño entre dos policías, uno que lo hace como trabajo y otro que lo hace por vocación es muy distinta, la vocación lleva implícito al profesionalismo, lo cual no necesariamente se encuentra en alguien que simplemente realiza su trabajo y no siente vocación por lo que hace.

Dilucidemos entonces acerca de estos conceptos en relación al desempeño policial, un policía que realiza su trabajo puede ser un elemento que desempeña sus actividad con apego a la ley, pero no siente dentro de sí la motivación necesaria para superarse profesionalmente en ésta área, se limita solo a los reglamentos y responsabilidades que se le otorgan; un policía que tiene vocación es un elemento que tiene además de las cualidades anteriores, un sentido de iniciativa hacia la profesionalización, hacia la perfección de las habilidades, aptitudes y actitudes que su función requiere, procurando esto por medio de la capacitación, la práctica y la entrega de su ser al fin último de su propósito como guardián de la paz social y bien común, podemos ver entonces que la profesión y la vocación no siempre van de la mano, la vocación siempre lleva implícita la profesionalización, pero un profesional no siempre siente éste llamado dentro de si, es decir, no siempre siente vocación por lo que hace.

Sin embargo, el profesional puede realizar un autoexamen sobre las razones que lo llevaron a elegir tal o cual profesión y al mismo tiempo puede darse la oportunidad de observar la importancia que tiene su ejercicio para sí mismo y para la sociedad, puede comprender la trascendencia de su actuar y el impacto que tiene ello en su vida y en la de los demás, de esta manera podría estimularse en él la vocación, es decir, el amor por lo que hace. Cuando podemos ver el efecto que tiene nuestra profesión en la sociedad, entonces se da un “auto reconocimiento” que nos impulsa cada vez a ser mejores y a actuar de manera eficaz y eficiente por el bien nuestro y de la sociedad.

¿Qué es la Deontología?

La Deontología es la manera en la que debe actuar un profesional, es decir su “ética profesional”, no basta con desempeñar un cargo de manera profesional o con vocación, parte de ser un buen policía es el tener valores éticos, es decir, actuar de manera honorable, para ello son creados los códigos éticos para cada carrera. Cada profesión requiere códigos de ética que permitan al profesional tener un comportamiento moralmente aceptable según la función que se espera de su área, el tomar las decisiones adecuadas en determinadas situaciones es lo que en ocasiones resulta difícil, a veces tomar la mejor decisión, o al menos la que cause menor daño es cuestión de segundos, para que la actuación del policía sea la adecuada en la mayoría de los casos y sus decisiones en situaciones de crisis sean las más acertadas, es necesario que el agente tenga entre sus valores primordiales la legalidad, el profesionalismo, la eficiencia, la objetividad y la honradez, que son los pilares morales de todo agente policial.

Virtudes policiales

La virtud no está en los códigos, en los valores o en las leyes, las virtudes se encuentran dentro de cada persona, en su fuerza interna, es una cualidad que lleva siempre la intención de convertirnos en mejor ser humano. Las virtudes morales del policía son aquellas que le inclinen hacia el mejor desempeño de su papel en la sociedad, aquellas que por ser policía le indiquen una mejor manera de darse a los demás, recordando siempre que es un agente al servicio de la comunidad, que su actuar se verá reflejado en la seguridad y paz social y que además es un miembro honorable de la nación.

Las virtudes se adquieren y se desarrollan en la práctica diaria, al actuar buscando el bien a diario se convierte en una persona positiva para la humanidad y con su ejemplo produce un cambio en el medio en el que se desarrolla, comenzando por su núcleo familiar, continuando en su comunidad y posteriormente en el área en el que se desenvuelve profesionalmente, es por eso que un policía virtuoso crea en la sociedad una imagen positiva acerca de los cuerpos policiales en general.

Se reconocen cuatro virtudes principales para el desarrollo humano, ellas son la Justicia, la Fortaleza, la Templanza y la Prudencia, muchas virtudes más se desprenden de éstas cuatro, pero la Prudencia es la que regula a las otras tres en cada situación, es la que ayuda a deliberar con respecto a la intensidad con la que se debe actuar ante cada momento crucial en el que tenemos que tomar una decisión importante.

Se dice que la integridad es la base de las demás virtudes, tomando en cuenta que cuando una persona actúa dentro de lo que es correcto se dice que hay integridad entre sus sentimientos, sus palabras y sus acciones, es decir, hay congruencia en esa persona, por lo tanto, es íntegra.

La Justicia es una virtud elemental y muy importante que el Policía cuente con ella, ya que de ella se derivan otras esenciales en los cuerpos policiales como lo son la lealtad, para cumplir con el compromiso de servir y proteger a la ciudadanía, la legalidad para cumplir y hacer cumplir la ley siempre en un marco de respeto a los derechos humanos y la honradez para respetar siempre los bienes de los ciudadanos, esto es, no abusar de su carácter de autoridad.

La Fortaleza es una virtud que en muchas ocasiones es malentendida, se cree que es el hecho de ser abusivo, prepotente, agresivo e incluso hasta imprudente al lanzarse al peligro inminente, sin embargo, es una virtud al servicio de la Justicia, se necesita fortaleza para oponerse ante la injusticia, se necesita ser fuerte ante las situaciones difíciles para resistir con firmeza, se necesita ser fuerte para vencer las propias debilidades como ser humano y resistir la oposición ante el soborno por ejemplo, es de valientes el no abusar de la fuerza para poner orden, para merecer respeto y ganarse la autoridad.

La Disciplina es una virtud que encierra muchas otras, puesto que para lograrla es necesario acabar con vicios que frenan el desarrollo humano, conlleva por ejemplo pulcritud, para la portación debida del uniforme, puntualidad, orden, buenos modales, obediencia, entre otros; todo esto se traduce en espíritu de servicio, un policía disciplinado, proyecta ésta virtud en su actuar, en su imagen, en su manera de comunicarse, en fin, en toda su persona.

“El Honor es la gloria o buena reputación que sigue a la virtud, al mérito o a las acciones heróicas, podemos decir que el Honor es la estima que el policía tiene de sí mismo, de su profesión, de su corporación, de su familia y de lo más sagrado que tiene en su corazón” (Ramirez, 2009) Existe también el honor grupal, que es el efecto que tiene el comportamiento virtuoso y honorable para la unidad a la que pertenece. El honor del grupo está asociado al llamado espíritu de cuerpo, que es la adhesión de los miembros del grupo a la misión grupal de tal manera que se genera entre ellos un alto grado de compañerismo y solidaridad, el orgullo de pertenecer al grupo, una moral elevada y el deseo de ganar reconocimiento y la gloria para la unidad a la que se pertenece mediante acciones que la engrandezcan.

Buena práctica policial

Se considera una buena práctica policial aquella que es realizada bajo los elementos mencionados anteriormente, aquella que se encuentra regida por los valores éticos y morales propios de la profesión policial, así como de los principios jurídicos que vigilan la actuación policial.

La actuación policial debe ser eficaz al lograr la paz social, al mantener la seguridad de los ciudadanos, al realizar acciones en materia de prevención del delito y debe ser segura para los intervinientes d cada una de estas actuaciones, esto es para los ciudadanos y para ellos mismos. Para poder llevar a cabo adecuadamente las funciones policiales dentro de los requerimientos éticos, morales y jurídicos en un marco eficaz y seguro, se requiere que el policía cuente con habilidades que le permitan realizarlo, esto es, capacitación constante por parte de las Academias de Seguridad Pública o Centros de Formación Policial en donde se aborden temas referentes al Debido uso de la fuerza, Valores éticos, Principios Jurídicos, Prácticas de acondicionamiento físico, prácticas de Tiro y defensa personal, pero sobre todo, mantener una comunicación constante con cada elemento policial para conocer su punto de vista, sus necesidades y aprender de su experiencia.

Las habilidades se fortalecen a través de la práctica, de la repetición y la capacitación constante, un cambio en la manera de pensar cambia la manera de actuar, es decir, si el policía se siente tomado en cuenta, valorado, si sus superiores apuestan por su profesionalización, entonces surge en éste agente una necesidad de corresponder a esta confianza y lo hace por medio de su entrega al servicio policial, como consecuencia, la ciudadanía cuenta con un agente que cumple honorablemente con su cargo, que tiene espíritu de servicio y que es un ejemplo de conducta y entrega para la sociedad.

Conclusiones

La función policial en el Proceso Penal Acusatorio y Oral es de importancia medular, ya que una falta en el debido uso de la fuerza, una falla en las detenciones y/o aseguramientos en la puesta a disposición de los detenidos ante la autoridad competente, una negligencia en el manejo y cuidado de la cadena de custodia o cualquier forma de actuar que vaya fuera de los códigos, reglamentos y leyes pueden entorpecer e incluso impedir una adecuada procuración e impartición de Justicia.

Una parte crucial para el Debido Proceso está en manos del Policía, ésta figura que anteriormente se encontraba limitada a vigilar el orden y la paz social por medio de la vigilancia en las calles, ahora ha evolucionado hasta ser una parte primordial en la Carpeta de Investigación, ha adquirido una responsabilidad hasta cierto punto técnica y científica dentro de la Política Criminologica.

Solamente un excelente Ciudadano puede ser un excelente Agente Policial, ya que antes de ser Policía es un ser humano, un ser que razona, siente y reacciona a los estímulos del ambiente que le rodea, es por eso que es necesario crear una cultura en la que el policía sea visto como una figura de respeto, confianza y seguridad, para ello, él mismo debe crear ésta concepción de sí mismo en los demás, la única manera de lograrlo es mostrando a los demás que en realidad lo es. Para lograr ser un agente de cambio en la sociedad, el agente policial lleva consigo la ardua tarea de ser un ciudadano modelo que porta en su embestidura los símbolos de los valores y virtudes que de verdad rigen su vida y su actuar diario.

Cuando un policía comprende el impacto social que tiene su actuar se encuentra de frente ante el reto de ser mejor cada día, mejor ser humano, mejor padre, esposo, vecino, etc., pero sobre todo ser mejor en la profesión que ha elegido, surgiendo en él la llamada de su vocación, que se traduce al final de cuentas en su entrega a los demás, en su amor a la patria y en su honorable conducta, porque eso es quien es el policía: un honorable ciudadano con vocación de servicio.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *